10 En 2009
Los recuerdos de mi infancia.
Los recuerdos de mi infancia estaban siempre inmersos del mismo deseo: la muerte de mi padre.
Ya en el vientre estremecía de pánico cuando se acercaba la noche con la incertidumbre si la patada que iba a recibir interrumpiría mi gestación.
Nací acompañado de un biberón y al otro lado de la mesita de noche con una botella de alcohol., con unos brazos que temblaban amarrándome, como si el abismo estuviese muy cercano, y al otro lado los estruendosos gritos malolientes de mi padre.
Aprendí desde pequeño a no llorar, a no moverme como los demás niños, me hice amigo del silencio.
En mi pequeña estructura mental no había cabida ni para el si ni para el no, se trataba tan solo de esperar la próxima paliza y aunque me de vergüenza decirlo, en muchas ocasiones deseaba que fuera cuanto antes para que el respiro llegara pronto.
Mi madre era todo lo que tenía, la he visto con moratones por todo su cuerpo, la he oído suplicarle que la golpeara en otros miembros de su cuerpo que no fuese la cara, y lo peor es haberla sentido rota, sin aliento.
A lo más he sentido una sonrisa y unos ojos pidiéndome disculpas, pero jamás la he visto relajada y riendo como cualquier otra madre.
Ella me enseño a mentir para poder sobrevivir .Se levantaba a las seis de la mañana para realizar las tareas de nuestra casa, y limpiar los zapatos de él. Dejaba sus ropas bien colocadas en la silla. Lo despertaba con tal cuidado, como si de este hecho dependiera su vida.
Una vez que el salía por las puertas, se apresuraba para terminar, y me pedía que le ayudara, (mi padre no sabía que mi madre trabajaba fuera de casa limpiando. Pero si no hubiese sido así hubiésemos pasado mucha hambre. Daba muy poco dinero y encima exigía más comida y su botella de vino pestoso)
También me enseño a guardar el máximo silencio con respecto a los asuntos de casa, me hacia que aprendiera bien su supuesta enfermedad, donde cada hematoma correspondía a una buena caída de sus supuestas crisis de hipoglucemia.
Cada mañana al despertar, comenzaban mis sueños al imaginarme diferentes muertes para él. Pero mis sueños nunca se hicieron realidad. Pensaba que nuestra tortuosa existencia acabaría cuando la muerte se apoderara de el.
Jamás tuve un regalo de él, sus mayores regalos me lo hacía cuando me ignoraba. Las relaciones que mantenía conmigo eran descalificativos y comparándome con mi madre De camino al colegio y dentro del aula aprendí a odiar al mundo .Mis compañeros iban acompañado de sus padres, abuelos . Siempre cruzaban la calzada de la mano que los cuidaban, sin embargo yo iba solo, desprotegido,
Cuando se acercaba las Navidades yo temblaba, recuerdo como le robe a un compañero de segundo su redacción sobre como vivía las fiestas en su familia, para poder copiarla. Y que la señorita no me castigara.
Lo realmente fuerte sucedió, cuando comencé a leer el relato de Manolito Núñez.
A pesar de mis años, aún recuerdo la narración La Navidad en mi familia. Todos nos reunimos en casa de mi “aguela “, cantamos con las panderetas, contamos chistes, y comemos muchos turrones y mantecados.
Pero lo que me gusta más son los Reyes Magos. A mi aguela le he pedido un camión grande con una cuerda para tirar de él, a mi otra aguela una pelota, a mi tía Toñi una guitarra, en casa un castillo, un fuerte y muchos indios.
En casa somos muy felices.
Aquella narración del mes de diciembre, de mis siete años fue reveladora.
Descubrí que eran las Navidades, que existían “aguelas”, como decía Manolito.
Yo solo las veía de muy en tarde en tarde y también conocía los nombres de mis tíos y primos, pero mi padre se había encargado de tenernos muy alejados de ellos. Sus nombres no podían pronunciarse en casa.
“Turrones y mantecados” tenía la creencia de que eso eran manjares de rico, pero Manolito Núñez no lo era. Comprendí de inmediato que simplemente era un símbolo de alegría. Fue la primera vez que el silencio me hablo, y desde aquella frágil caja emocional mi respuesta fue el llanto, y la tristeza manifestada en ira, que desde luego proyecte con mi madre. ¿Por qué mamá, por qué? ¿Por qué no tenemos familia, por qué nos pega? ¿Por qué no tenemos Navidad? ¿Por qué los Reyes Magos me traen siempre calcetines, y no la bicicleta que siempre he querido? ¿Por qué tengo que esconder los indios que tú me compras a escondidas? ¿Es que soy malo, como él? ¿Por qué no se muere?
Mi madre suspiro y sus ojos se cubrieron de lágrimas, pero con ellas mi vacío se lleno de luz y de esperanza ante una nueva idea. La besé y le pedí perdón.
Y espere a la noche , a la paliza de turno, y después en el silencio de la Mona escribí una carta a los Reyes Magos, donde empezaba diciendo Ya no quiero bicicleta, sólo quiero que te lleves a mi padre, para que mi mamá no llore más , y a mi casa puedan venir mis abuelos , tíos, amigos , y los vecinos
Por la mañana, con la hipervigilancía que caracterizaba a mi madre, encontró la carta dirigida alos Reyes Magos. Y entre sollozos abrazando la carta decía:
“Te amaré como pueda, aunque no sea la paz, el tiempo que pueda Hasta el fin de los tiempos, y después te seguiré queriendo hijo mío” El día de la violación, fue horrible, supongo que antes cada paliza acabaría en violación, pero yo no tenía criterios para etiquetarla de tal, pero desde mis quince años y mi cobardía Si.
Su cuerpo estaba cubierto de sangre, su mirada ida, era la agitación de su corazón la que hablaba, ante tal crueldad de aquel hombre, que continuamente la azotaba con un hierro oxidado al ritmo que la poseía y la llamaba “puta Puta muérete”
Me paralizó lo que estaba viendo, pensaba que conocía todas las maldades y atrocidades que se le podía hacer a un ser humano, pero jamás lo que mis ojos veían. Me culpo y me moriré culpándome de estar en el silencio y haber enterrado en aquella carta mi ira.
Hoy mi tierna y callada madre yace bajo tierra de un mal golpe en la cabeza.esto sucedió a las dos semana de la violación. Sigo solo con mi culpa y lo único que conservo de ella, son los indios (que tanto le costó comprar), y aquellas palabras de despedida constante “Te amaré como pueda, aunque no sea la paz, el tiempo que pueda Hasta el fin de los tiempos, y después te seguiré queriendo hijo mío”
Estoy en una casa de acogida, y mis terapeutas me aconsejaron escribirle una carta de despedida.
Esto no puede ser una carta de amor, te quiero, te quiero y eternamente te querré
Quería morir contigo, porque necesito tu mano temblorosa. Cuando te vi. Que no te levantaba, renuncie a ver el sol por la mañana, mamá levántate, no me hagas esto, no me dejes solo, te necesito. ¿Por qué me enseñaste a mentir, a ser un ser sumiso, a ser el mejor amigo del silencio, a no dar salida a la ira? Si hubiese sabido lo que ahora se, tú estarías viva y él fuera de nuestras vidas. Mamá cuando se aprende a expresar los sentimientos el dolor, la verdad del calvario, todo cambia, hay salida, hay salida a la alegría, a la Navidad, a disfrutar de los regalos en las manos, a tener el corazón lleno de amor, a saber que no estamos solos, a no sobrecargarnos de trabajos, aprendemos a vivir el presente, y a envejecer con el tiempo. Sigo con miedo a encontrármelo, a ingerir ese maloliente olor, a sus gritos, su sombra esta constantemente a mi alrededor, pero ya no estoy paralizado ni solo Te quiero, y te necesito y se que tu estas conmigo, y que de verdad morirás cuando yo muera, por este motivo tengo que vivir y no mal vivir, te ofreceré mis primeras Navidades.
http://www.youtube.com/watch?v=ZikwLU6-mQ4&NR=1
Los recuerdos de mi infancia estaban siempre inmersos del mismo deseo: la muerte de mi padre.
Ya en el vientre estremecía de pánico cuando se acercaba la noche con la incertidumbre si la patada que iba a recibir interrumpiría mi gestación.
Nací acompañado de un biberón y al otro lado de la mesita de noche con una botella de alcohol., con unos brazos que temblaban amarrándome, como si el abismo estuviese muy cercano, y al otro lado los estruendosos gritos malolientes de mi padre.
Aprendí desde pequeño a no llorar, a no moverme como los demás niños, me hice amigo del silencio.
En mi pequeña estructura mental no había cabida ni para el si ni para el no, se trataba tan solo de esperar la próxima paliza y aunque me de vergüenza decirlo, en muchas ocasiones deseaba que fuera cuanto antes para que el respiro llegara pronto.
Mi madre era todo lo que tenía, la he visto con moratones por todo su cuerpo, la he oído suplicarle que la golpeara en otros miembros de su cuerpo que no fuese la cara, y lo peor es haberla sentido rota, sin aliento.
A lo más he sentido una sonrisa y unos ojos pidiéndome disculpas, pero jamás la he visto relajada y riendo como cualquier otra madre.
Ella me enseño a mentir para poder sobrevivir .Se levantaba a las seis de la mañana para realizar las tareas de nuestra casa, y limpiar los zapatos de él. Dejaba sus ropas bien colocadas en la silla. Lo despertaba con tal cuidado, como si de este hecho dependiera su vida.
Una vez que el salía por las puertas, se apresuraba para terminar, y me pedía que le ayudara, (mi padre no sabía que mi madre trabajaba fuera de casa limpiando. Pero si no hubiese sido así hubiésemos pasado mucha hambre. Daba muy poco dinero y encima exigía más comida y su botella de vino pestoso)
También me enseño a guardar el máximo silencio con respecto a los asuntos de casa, me hacia que aprendiera bien su supuesta enfermedad, donde cada hematoma correspondía a una buena caída de sus supuestas crisis de hipoglucemia.
Cada mañana al despertar, comenzaban mis sueños al imaginarme diferentes muertes para él. Pero mis sueños nunca se hicieron realidad. Pensaba que nuestra tortuosa existencia acabaría cuando la muerte se apoderara de el.
Jamás tuve un regalo de él, sus mayores regalos me lo hacía cuando me ignoraba. Las relaciones que mantenía conmigo eran descalificativos y comparándome con mi madre De camino al colegio y dentro del aula aprendí a odiar al mundo .Mis compañeros iban acompañado de sus padres, abuelos . Siempre cruzaban la calzada de la mano que los cuidaban, sin embargo yo iba solo, desprotegido,
Cuando se acercaba las Navidades yo temblaba, recuerdo como le robe a un compañero de segundo su redacción sobre como vivía las fiestas en su familia, para poder copiarla. Y que la señorita no me castigara.
Lo realmente fuerte sucedió, cuando comencé a leer el relato de Manolito Núñez.
A pesar de mis años, aún recuerdo la narración La Navidad en mi familia. Todos nos reunimos en casa de mi “aguela “, cantamos con las panderetas, contamos chistes, y comemos muchos turrones y mantecados.
Pero lo que me gusta más son los Reyes Magos. A mi aguela le he pedido un camión grande con una cuerda para tirar de él, a mi otra aguela una pelota, a mi tía Toñi una guitarra, en casa un castillo, un fuerte y muchos indios.
En casa somos muy felices.
Aquella narración del mes de diciembre, de mis siete años fue reveladora.
Descubrí que eran las Navidades, que existían “aguelas”, como decía Manolito.
Yo solo las veía de muy en tarde en tarde y también conocía los nombres de mis tíos y primos, pero mi padre se había encargado de tenernos muy alejados de ellos. Sus nombres no podían pronunciarse en casa.
“Turrones y mantecados” tenía la creencia de que eso eran manjares de rico, pero Manolito Núñez no lo era. Comprendí de inmediato que simplemente era un símbolo de alegría. Fue la primera vez que el silencio me hablo, y desde aquella frágil caja emocional mi respuesta fue el llanto, y la tristeza manifestada en ira, que desde luego proyecte con mi madre. ¿Por qué mamá, por qué? ¿Por qué no tenemos familia, por qué nos pega? ¿Por qué no tenemos Navidad? ¿Por qué los Reyes Magos me traen siempre calcetines, y no la bicicleta que siempre he querido? ¿Por qué tengo que esconder los indios que tú me compras a escondidas? ¿Es que soy malo, como él? ¿Por qué no se muere?
Mi madre suspiro y sus ojos se cubrieron de lágrimas, pero con ellas mi vacío se lleno de luz y de esperanza ante una nueva idea. La besé y le pedí perdón.
Y espere a la noche , a la paliza de turno, y después en el silencio de la Mona escribí una carta a los Reyes Magos, donde empezaba diciendo Ya no quiero bicicleta, sólo quiero que te lleves a mi padre, para que mi mamá no llore más , y a mi casa puedan venir mis abuelos , tíos, amigos , y los vecinos
Por la mañana, con la hipervigilancía que caracterizaba a mi madre, encontró la carta dirigida alos Reyes Magos. Y entre sollozos abrazando la carta decía:
“Te amaré como pueda, aunque no sea la paz, el tiempo que pueda Hasta el fin de los tiempos, y después te seguiré queriendo hijo mío” El día de la violación, fue horrible, supongo que antes cada paliza acabaría en violación, pero yo no tenía criterios para etiquetarla de tal, pero desde mis quince años y mi cobardía Si.
Su cuerpo estaba cubierto de sangre, su mirada ida, era la agitación de su corazón la que hablaba, ante tal crueldad de aquel hombre, que continuamente la azotaba con un hierro oxidado al ritmo que la poseía y la llamaba “puta Puta muérete”
Me paralizó lo que estaba viendo, pensaba que conocía todas las maldades y atrocidades que se le podía hacer a un ser humano, pero jamás lo que mis ojos veían. Me culpo y me moriré culpándome de estar en el silencio y haber enterrado en aquella carta mi ira.
Hoy mi tierna y callada madre yace bajo tierra de un mal golpe en la cabeza.esto sucedió a las dos semana de la violación. Sigo solo con mi culpa y lo único que conservo de ella, son los indios (que tanto le costó comprar), y aquellas palabras de despedida constante “Te amaré como pueda, aunque no sea la paz, el tiempo que pueda Hasta el fin de los tiempos, y después te seguiré queriendo hijo mío”
Estoy en una casa de acogida, y mis terapeutas me aconsejaron escribirle una carta de despedida.
Esto no puede ser una carta de amor, te quiero, te quiero y eternamente te querré
Quería morir contigo, porque necesito tu mano temblorosa. Cuando te vi. Que no te levantaba, renuncie a ver el sol por la mañana, mamá levántate, no me hagas esto, no me dejes solo, te necesito. ¿Por qué me enseñaste a mentir, a ser un ser sumiso, a ser el mejor amigo del silencio, a no dar salida a la ira? Si hubiese sabido lo que ahora se, tú estarías viva y él fuera de nuestras vidas. Mamá cuando se aprende a expresar los sentimientos el dolor, la verdad del calvario, todo cambia, hay salida, hay salida a la alegría, a la Navidad, a disfrutar de los regalos en las manos, a tener el corazón lleno de amor, a saber que no estamos solos, a no sobrecargarnos de trabajos, aprendemos a vivir el presente, y a envejecer con el tiempo. Sigo con miedo a encontrármelo, a ingerir ese maloliente olor, a sus gritos, su sombra esta constantemente a mi alrededor, pero ya no estoy paralizado ni solo Te quiero, y te necesito y se que tu estas conmigo, y que de verdad morirás cuando yo muera, por este motivo tengo que vivir y no mal vivir, te ofreceré mis primeras Navidades.
http://www.youtube.com/watch?v=ZikwLU6-mQ4&NR=1
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